martes, 15 de junio de 2010

¿Subir o no subir impuestos?

LA CARA DEL SECUESTRO, LA ALEGRÍA DE LA LIBERTAD: Felices estamos todos por la liberación de los hombres que acaban de recuperar la condición digna de seres humanos, la cual les fue arrebatada durante largos años por un grupo terrorista cruel y criminal. Y felices estamos por el procedimiento que permitió su liberación, un procedimiento que les devolvió la dignidad sin contraprestación alguna. Muy diferente al cruel mecanismo del “acuerdo humanitario”, acompañado siempre de ese terrible instrumento de sadismo que son las “pruebas de supervivencia”, manejadas y dosificadas con criterio político, para convertir en moneda política la vida de los secuestrados, y para manipular con propósitos políticos los naturales sentimientos que emergen en sus familias. Estos hombres, como otros en su momento, constituyen la verdadera cara del secuestro: nos hablan de tratos inhumanos, de enfermedades, de privaciones, de soledad, de miedo, de amenazas, en fin, de la mayor atrocidad posible. Y en eso marcan una clara diferencia con los secuestrados estilo Piedad Córdoba / Telesur, bañados, peinados, alimentados, y por sus dolencias tratados.

¿SUBIR O NO SUBIR IMPUESTOS? I: Muy interesante se ha puesto el debate entre las dos campañas presidenciales, en cuanto a si será indispensable subir impuestos en el próximo cuatrienio. Por las razones que siguen, hasta ahora no encuentro convincente la posición de ninguna de las dos. Partamos de los hechos: ellos nos muestran un profundo deterioro de la situación fiscal, y una posibilidad muy seria de que tal cosa se agudice en el futuro cercano. Los hechos, entonces, nos indican una conclusión: será tarea indispensable del próximo gobierno reducir el déficit. Desde la campaña de Mockus se ha dicho que será forzoso subir los impuestos. Esto parecería ser consecuencia natural de la conclusión a la que antes llegamos. Sin embargo, es mi opinión que, en estos debates fiscales, cuando quiera que exista una situación de déficit, deberían agotarse previamente unos pasos antes de arribar a la fórmula de subir impuestos: debería haber un examen previo exhaustivo acerca de qué medidas pueden tomarse por el lado del gasto, es decir, un esfuerzo de control de los egresos, el cual es difícil, pero es el primer paso que aconseja la prudencia. En la siguiente instancia debería examinarse si podrían aumentarse los recaudos sin subir los impuestos, mediante políticas como la eliminación de exenciones, la simplificación del sistema, y el control de la evasión. La sociedad sólo debería aceptar aumentos de impuestos si se le muestra que se ha realizado ya el anterior análisis, y que él arroja unos ahorros y unos nuevos recaudos que no son suficientes. Pero en este tema, como en tantos otros, tengo la sensación de que Mockus no presta mayor atención a las realidades, y procede de manera deductiva a partir de principios.

¿SUBIR O NO SUBIR IMPUESTOS? II: Desde la campaña de Santos se ha rechazado la idea de subir impuestos, aunque, hasta donde sabe el suscrito, el análisis que he sugerido tampoco ha sido allí puesto en marcha. También, para mi sorpresa y perplejidad, se propone conservar las exenciones actuales y sumarle otras nuevas, cuando hay un consenso casi general en contra de tales instrumentos. Al parecer, simplemente se confía en que el recaudo aumentará como efecto del crecimiento económico, y como efecto de unas políticas de formalización en cuyo impacto se está poniendo una exagerada confianza. He oído también una sugerencia que me parece alarmante: la de proponer un nuevo régimen de regalías como instrumento contra la crisis fiscal. Si bien dicha reforma es necesaria por otras razones, nótese que, si la motivación que para ella se invoca es puramente fiscal, es decir, no es más que la de utilizar los recursos minero-energéticos para paliar el déficit del fisco, nada nos diferenciaría de la irresponsable Venezuela petrolera de las últimas cuatro décadas: es decir, nos aproximaríamos a ser uno de aquellos países que omite el esfuerzo de equilibrar sus indicadores macroeconómicos, porque los recursos de las regalías le permiten compensar los efectos de los desequilibrios.

martes, 8 de junio de 2010

Voto de opinión y maquinaria... El socialismo del siglo XXI en acción

VOTO DE OPINIÓN Y MAQUINARIA: Pasada ya una semana desde las elecciones presidenciales, hay todavía quienes insisten en calificar el resultado de éstas como un pulso entre la maquinaria política —corruptora y deshonesta— y el voto de opinión, transparente por naturaleza, y movido sólo por los dictados de la conciencia. Por supuesto, está allí implícita la idea de que el primer tipo de voto correspondió a Santos y el segundo a Mockus. Pasemos por alto la arrogancia propia de dicha idea, arrogancia de la cual se han quejado muchas personas, quienes ven en el movimiento Verde un fanatismo moral de acuerdo con el cual hay que presumir corrupción en todo aquel que no esté con ellos. Veremos entonces que estamos simplemente en presencia de un error fáctico colosal, un desconocimiento de la más contundente e interesante realidad de la política nacional: la mayor parte del voto de opinión, es decir, de aquel voto cuya motivación no es más que el examen ciudadano de conciencia, sigue siendo un voto uribista. Esto no pueden entenderlo los partícipes de aquel fanatismo moral, por cuanto encuentran inexplicable que alguien opine diferente a ellos, es decir, que haya un voto de opinión sustentado en consideraciones y reflexiones diferentes a las suyas. Para ellos, parecería ser que voto de opinión sólo puede ser aquel fundamentado en sus opiniones. Encuentran entonces inexplicable el resultado electoral, y proceden con la mayor petulancia a atribuirlo en su totalidad a maniobras turbias.

EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI EN ACCIÓN: Tras el primer descubrimiento de contenedores repletos de alimentos descompuestos, han empezado a aparecer casos similares en varias partes de Venezuela. La mayoría de tales casos involucran a PDVAL, la flamante Productora y Distribuidora de Alimentos de Venezuela, institución inaugurada en su momento con gran pompa y esperanza, y a la cual se encargó el logro socialista de la “soberanía alimentaria”. De modo que, en muy pocos años, empezamos ya a ver en Venezuela las manifestaciones típicas del socialismo, es decir, lo que el socialismo produce en cualquier parte: abandono, desidia, deterioro y obsolescencia. No pasará mucho para que empecemos a saber de tierras abandonadas, de fábricas cuyas máquinas duermen bajo el óxido, de insumos y materias primas olvidados durante años en bodegas húmedas y solitarias. Y ese mismo Estado, cuya incompetencia para el manejo de procesos económicos básicos es evidente, ha incurrido en el más insólito y extravagante acto que pueda pensarse: la declaratoria explícita de guerra a una parte de su sociedad, al empresariado.

LA NATURALEZA DEL PROBLEMA VENEZOLANO: Sea esta también la ocasión para reflexionar sobre una polémica anterior. El año pasado, tal vez por esta misma época, escribí y dije en algunos textos y conferencias que, en mi parecer, un sector de los analistas colombianos no comprendía la naturaleza de los sucesos de Venezuela, o rehusaba comprenderlo, sumido en la ilusión de que podrían superarse las adversidades sufridas allí por el empresariado colombiano, y hacer tal cosa mediante estrategias inteligentes de negocios. Recuerdo haber criticado con énfasis un estudio que al respecto hizo la revista Dinero, en el cual, desconociendo la naturaleza política de la crisis venezolana, recomendaba a los empresarios una serie de medidas para solucionar sus problemas en el vecino país, todas ellas relacionadas con asuntos administrativos como el mercadeo y la logística. Ahora, cuando el propio presidente declara por televisión la guerra a la empresa privada, me pregunto cuán útiles serán todas esas minucias sobre el conocimiento del consumidor venezolano y la reorganización de procesos logísticos. No habría ideas de mercado o de logística que hubiesen podido, por ejemplo, salvar a los comisionistas de bolsa, cuyas firmas han sido víctimas de una ofensiva política aplastante y súbita, la cual incluso ha llevado a prisión a varios de sus directivos.